Detrás de los cantes...

Intentando sobrevivir a esto de opositar, compartiendo este arduo camino salpicado de anécdotas, experiencias y buen humor, para evitar perder la cabeza, ¿te apuntas?

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viernes, 23 de octubre de 2015

Poniendo un poco de color a las etapas grises

La vida durante la oposición dista mucho de ser perfecta en el día a día general. No hace falta tener ninguna situación externa para que el opositor se sienta cansado y, a veces, frustrado, porque eso lo da ya de forma natural nuestra tarea diaria, repleta de esfuerzo cuyos resultados no vemos a corto plazo. Digamos que esto de opositar es un salto de fe en muchos sentidos.

Aunque a veces la gente de nuestro alrededor no lo entienda, esa frustración va haciendo mella día tras día. Por muy optimistas que seamos, es inevitable que durante el tiempo de la oposición tengamos rachas en las que vemos todo como si fuese un largo día gris, de esos en que ni llueve ni deja de llover. En algunas ocasiones, será un rato o un día desanimado; en otras, se convierte en una etapa más o menos larga, donde no solo batallamos con los libros y apuntes, sino contra nosotros mismos.

Al final, nosotros somos los jueces más duros, nuestro peor enemigo.

Pero igual que somos los que tiramos hacia abajo de nosotros mismos, también tenemos que ser quien nos saque a flote, porque el mundo no deja de girar aunque nosotros nos quedemos quietecitos en un rincón.

Los que nos quieren, estarán ahí, sin duda. Aunque, la verdad, no necesitamos que nadie nos diga algo tipo "¡este es tu año, segurísimo, con todo el tiempo que llevas estudiando!" o "pobre, lo que necesitas es un fin de semana sin estudiar". En realidad, es preferible rodearnos de personas que sencillamente nos escuchen si lo necesitamos o que nos ayuden a desconectar y ver el mundo que hay más allá de nuestros libros.

photo credit: Umbrellas via photopin (license)
Pero si nosotros no intentamos ver las cosas de un modo distinto, no hay nada que hacer. Y es más fácil decirlo, que hacerlo, como todo en esta vida.

Personalmente, en estas ocasiones me he ayudado de pequeñas cosas, como modificar un poco la rutina: cambiar de lugar de estudio, cambiar el propio lugar de estudio (decoración, situación de la mesa...), sacar tiempo para algo que me despeje la cabeza... Detallitos que parecen tontos pero renuevan el aire alrededor y ayudan a cambiar un poco la actitud. Poner un poco de color a esas etapas grises.

Por supuesto, hay veces que se necesitan cambios más notables: estudiar en la biblioteca (o al contrario, en tu casa una temporada), cambiar de preparador o academia... Incluso cambiar de oposición, aunque suene a locura, porque quizá te das cuenta de que te motiva otra profesión.


Sin pasión y ganas por lo que haces, esto deja de ser tu opción y se convierte en una obligación. Lo importante es que no te quedes sentado, compadeciéndote de ti mismo. Sal ahí, y busca algo que te renueve las ganas de comerte la oposición. Y ya sabéis eso de que "si el plan A no te convence, hay 26 letras más en el abecedario".

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