Detrás de los cantes...

Intentando sobrevivir a esto de opositar, compartiendo este arduo camino salpicado de anécdotas, experiencias y buen humor, para evitar perder la cabeza, ¿te apuntas?

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viernes, 22 de febrero de 2013

La Justicia desde dentro


¡Hola a todos! Tras un tiempo sin colaborar con el blog me he decidido a escribir otra entrada. Como dije en mi primera intervención, estoy ejerciendo la procuraduría en calidad de oficial-habilitado.

Algunos podéis pensar que me dedico a llevar papeles, a hacer fotocopias o a ser el correveidile del abogado… Nada más lejos de la realidad, es un trabajo ideal para un opositor a jueces y fiscales o a secretarios ya que tocas lo más importante que tiene nuestra formación, la salida profesional práctica.

Estamos hartos de estudiar procesal civil, de estudiar artículos como papagayos para luego darnos cuenta de que en la praxis todo lo que hemos estudiado no tiene una aplicación práctica clara… Pues bien, por mi labor profesional tengo una oportunidad de oro para ver desde dentro lo que es estar en sala, estar en un juicio, ver la aplicación práctica de las transacciones, las pruebas, las conclusiones… ¡es apasionante si te gusta el Derecho!

Lo mejor de todo es que luego vas a los temas de la prueba y ves que realmente es como pone la Ley y se aprende muchísimo mejor que sobre el papel. No es lo mismo estudiar la audiencia previa cogiendo la Ley, que es un auténtico tostón, que hacerlo tras haberlas visto, ya que te acuerdas a grandes rasgos de lo que viste aquel día.

Si algo he podido comprobar asistiendo a juicios sobre todo es una cosa, que la profesión de Juez, junto con la de maestro y médico, es la más vocacional que existe  ya que mientras otros compañeros ven los juicios como una mera pérdida de tiempo yo los veo como aquel lugar donde voy a ir a aprender y a renovar mi vocación y mi ilusión desde los 5 años, el convertirme algún día en el señor con puñetas que está en el centro de la sala.

Como única decepción de los juicios, eso sí, es que al contrario de De buena ley, no se aplaude al final de la celebración, cosa que le quita emoción a la cosa.

Espero que en estos dos meses que quedan para el test deis lo mejor de vosotros mismos. Os deseo mucha suerte en esta andadura.

Fran, @erfran82

miércoles, 20 de febrero de 2013

Un experiencia más , una realidad más y algún consejo más


Hola chicos!
Voy a contaros mi experiencia como opositora. Lo primero que debo decir es que soy ex opositora y lo segundo, que oposité a Gestión Procesal y Administrativa, algo muy diferente a lo que la mayoría de vosotros hacéis cada día. Aunque sea una oposición más chiquitita espero que os guste lo que voy a contar y sirva como una experiencia más.
Fue muy complicado para mí encontrar preparador. No quería ir a una academia, y hay muy pocos preparadores al margen de estas. Me pasé un día por la facultad, hable con un profesor y él me dio el teléfono de un Secretario Judicial que preparaba. Hable con él, pero tuve que esperar medio año a que se hiciesen los exámenes convocados para poderme unir a su nuevo grupo. Para mí era como ir a clase, él mismo redactaba los temas, nos los mandaba por email, nosotros debíamos estudiarlo y luego nos lo explicaba. Era como ir a una clase en la facultad, pero mucho más intensivo, todos los alumnos teníamos interés por aprender, todos llevábamos el tema que nos explicaba estudiado de casa, hacíamos preguntas sobre supuestos que en la práctica suponían un conflicto, o tenían varias interpretaciones… También nos mandaba test sobre los temas. Nosotros después de estudiar un tema debíamos resolverlo y lo corregíamos en clase. En muchas ocasiones hacíamos supuestos prácticos, que eran realmente complicados, porque las respuestas no dependían únicamente de lo que dijese un artículo, sino de cómo se resolvía ese problema en la práctica. Mi preparador era un hombre muy cercano, nos explicaba muy bien todos los entresijos legales, muchas cuestiones prácticas… pero no sabía nada de nosotros, ni nos trataba individualmente. Todo dependía de nosotros. Él únicamente nos mandaba los temas nuevos que explicaría la semana siguiente y los test que deberíamos corregir.
El sistema de estudio era bastante diferente. Realmente interiorizábamos la materia, sabíamos lo que un artículo quería decir, para qué supuestos se utilizaba, o si no se utilizaba. Nuestra misión no era memorizar los temas para luego cantarlos, sino memorizar cada punto y cada coma de cada artículo porque teníamos que hacer test en los que lo único que cambiaba en muchas respuestas era una coma. Nunca llegué a aprenderme un tema completo como para desarrollarlo sin más, simplemente me sabía todos los plazos procesales y el desarrollo de cada procedimiento a la perfección. Además los temas eran larguísimos, lo normal eran unos 30 folios, pero había muchos que excedían y tenían 60. Por eso memorizarlos al completo era imposible.
Lo que más me costó fue encontrar un buen sistema de estudio, cada uno debíamos elegir como estudiar, como hacer los repasos, como autoexaminarnos. Me busque un sistema de repasos por bloques que me fue muy bien, jamás mezclaba procesal civil, con procesal penal, laboral o administrativo para no liarme con los plazos. Estudiaba 8 horas diarias y descansaba los domingos. En un principio pensé que al vivir en un pueblecito de menos de 100 habitantes sería perfecto para el estudio, ya que era imposible quedar con los amigos, salir al cine, a cenar o a cualquier cosa. En invierno ni siquiera podía pasear, el pueblo es tan chiquitito que solo podía dar vueltas a la misma calle una y otra vez, y realmente eso me volvía loca. Los primeros meses fue perfecto vivir en soledad, me centré únicamente en estudiar. Mis días eran desayunar, estudiar, comer, estudiar, cenar y dormir. Nunca había nada más. Esto me fue apartando un poquito del mundo, nunca hacía nada interesante, no tomaba un café con un amigo, no salía de fiesta, no hablaba con nadie en persona, excepto mis padres claro, no salía jamás de mi casa. Me volví asocial. Cuanto más tiempo pasa uno solo, menos ganas tiene de estar con otras personas. Si en alguna remota ocasión me proponían una cena, salir de fiesta o algo así… me lo pensaba una y mil veces porque no me apetecía nada de nada. Me volví una persona excesivamente seria y callada, nunca tenía nada que contar. Me costaba hablar porque normalmente no lo hacía. Vivía únicamente para estudiar y desde aquí os digo que es muy malo para la salud mental. Procurad tener vida social, alguna actividad, algo que realmente os entretenga. Hay que salir del opozulo, a poder ser cada día, u os pasará como a mí, que os distanciareis tanto del mundo que os costará volver a hablar con vuestros mejores amigos. A pesar de todo, os recomiendo que cuando estéis estancados, sin encontrar la ansiada concentración o faltos de motivación, os vayáis a estudiar a un lugar apartado, sin amigos, sin ninguna actividad por hacer, sin nada. Os aseguro que volveréis a estudiar como los primeros días, ya que no hay nada más que os interrumpa, ningún plan que os espere, ni nada que os distraiga. Eso sí, no lo hagáis por más de un mes, jajaja.
A mis amigos no los veía nunca y a mi novio únicamente el día que iba al preparador a la hora de comer. Tanto ellos como mi familia me apoyaban, pero a pesar de todo su apoyo, tuve que dejar la opo al no haber convocatorias a la vista. Sé que muchos no pensáis lo mismo que yo, y os apoyo, seguid luchando conseguiréis vuestro objetivo. Yo de momento lo he aparcado, era mi salud mental la que estaba en juego.
L.A.


lunes, 18 de febrero de 2013

AL OTRO LADO DEL ESPEJO: ANTES Y DESPUÉS DE APROBAR

"...nos reiremos de este mal sueño /
con una taza de café...".
De una canción de Christina Rosenvinge



Soy un desconfiado de lo tecnológico, así que si hace unos cuantos meses me dicen que me iba a abrir un twitter, me hubiera reído.  Si, una vez abierto, me dicen que iba a terminar siguiendo, no a directores de cine, periodistas o escritores, sino a opositores anónimos, lo hubiera dado por una fantasía de quien me lo decía.  Y si, después de estar un tiempo siguiendo a opositores, me dicen que iba a terminar interactuando con algunos de ellos, tampoco lo hubiera llegado a creer.  Pero aquí estamos, los opotwitteros. y yo.


Lo que sí recuerdo bien es cómo fueron las primeras "interacciones": alguien que escribía en su cuenta la porquería de domingo que estaba pasando, lo depresivo que resultaba estudiar en un día festivo (el puente de la Constitución fue antológico.) y las habituales dudas sobre si opositar merecía la pena.  Todo aliñado con etiquetas del tipo #muerteydestrucción o #mátamecamión.


Y, claro, no pude evitar el impulso de intervenir y participar.  Para ubicarnos, tendría que contar algo de mi experiencia personal: en 2001, pocas semanas después de que Bin Laden echara abajo las Torres Gemelas, empecé a preparar las oposiciones de abogado del Estado, lleno de ilusión y también de eso que, al estudiar el consentimiento en los contratos, llamamos "temor reverencial".  En mayo de 2002, el mismo día que el Real Madrid ganó la novena Liga de Campeones con aquel gol de Zidane frente al Bayer Leverkusen, había estado por la mañana diciendo a mis preparadores que dejaba la oposición, un par de semanas después de que el jefe de ellos me dijera con cierto ímpetu su opinión de que yo nunca sacaría la oposición.  Y de que los demás lo secundaran.  Y de que yo lo creyera.  En octubre de ese año empecé a preparar en mi ciudad las de Técnico de Hacienda, que felizmente aprobé el 8 de marzo de 2007, no sin haber cambiado de academia un año antes, por la necesidad de "ver otras cosas, otros puntos de vista, etc.".  Desde finales de 2008 hasta el 25 de enero de 2012 he estado, con ciertas intermitencias, preparando las de Inspección de Hacienda.  Desde entonces no he vuelto a cantar, pero mantengo el regreso como uno de mis #propósitos2013.


Resumidamente, he sido opositor fallido, he sido opositor exitoso y luego he vuelto a ser opositor, lisa y llanamente.  Y algunos de esos cambios los viví en su momento de un modo algo dramático.  O sea, que puntos de vista tengo para dar y tomar.  ¡Pasen y sírvanse, señores, que los vendo baratitos!


Pues ocurre que durante cualquiera de mis vidas de opositor he pasado unos cuantos malos momentos, unos cuantos en los que me sentí solo.  O no me sentí, lo estuve.  Unos cuantos en los que creí que no merecía la pena opositar.  Recuerdo conversaciones antológicas con amistades a las que explicaba rigurosa y razonadamente los múltiples motivos por los que no merecía la pena en absoluto pasar ese calvario.


Me faltaba entonces (y aún a veces lo pierdo de vista.) el punto de vista del que ha pasado al otro lado del espejo, el opositor aprobado.  Y ahí puedo garantizaros una cosa.  Merece la pena desde el mismo segundo en que abres el .pdf del tribunal y ves tu nombre en la lista de aprobados.  No es cuestión de sueldos, de puestos, de desempeño de funciones, de nada de eso.  Se trata de que en algún momento de tu vida decidiste sacrificar y perder una serie de cosas a cambio de ganar otras.  Y al ver que has aprobado te sientes, o me sentí yo, como esos maratonianos o triatletas que van sonados, tambaleándose los últimos metros camino de la meta.  Pero la cruzan, alguien les echa una manta por encima y les dice: "tranqui, muchacho, respira, ya puedes parar, has llegado".  Oír en tu cabeza esas palabras con pleno merecimiento ¡vale su peso en oro!


Al descubrir twitter, a los opotwitteros y echar la vista atrás, recuerdo lo necesario que a veces era que alguien (¡quien fuera, pero alguna forma de vida de este planeta, no necesariamente humana!) te diera unas palmaditas de ánimo en la espalda, o una llamadita de teléfono, o un sms de ánimo de alguien que se acordara de ti.  Da igual si prepas, compis de oposición, amistades varias, o quien fuera.  Ojalá hubiera tenido algo como twitter y la #togasband y los opotwitteros en el año 2001, porque probablemente entre eso y el whatsapp hubiera tenido desahogo para algunos que otros sinsabores.  ¡Es genial haberos conocido por eso!


Y como lo creo así y me acuerdo de esa sensación, no puedo evitar dar ánimos a la gente cuando leo que tiene un día de bajón con la oposición.  Ahora sé de sobra que son fases normales del proceso, por las que todo el mundo pasa alguna vez y que se superan.  Pero quizás un opositor en medio de ninguna parte necesita que alguien se las recuerde expresamente y que se lo digan.  ¡Se puede!  ¡Es difícil, pero se puede!  ¡Y sí que vale la pena!  Además, en algún momento de mi vida de opositor me hice la promesa de que, para el caso de aprobar, no sería de la clase de personas que olvidan lo mal que lo pasaron y lo mal que lo estarán pasando los que están en ello.  Cuando alguna vez conocí a alguien, prepa o no, que enteramente era incapaz de ponerse en la piel del opositor, me dije: "yo, como tú, never, never". 


Al final, todo es constancia.  En un grado extremo, sí, por encima de dolores de cabeza, de momentos depres, de miles de motivos para dejarlo todo, pero constancia al fin y al cabo.  Cuestión de seguir.  Como en una canción de Bob Dylan que me gusta mucho y que decía "The only thing I knew how to do was to keep on keeping on."

Antonio Gil Acosta

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